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Los Cavernicolas de Ellora: Cuentos Legendario IIILOS CAVERNICOLAS DE ELLORA: CUENTOS LEGENDARIO III
By Arianna Hart, Kate Douglas, Sahara Kelly, Nikki Soarde, Melani Blazer, Delilah Devlin
Ellora’s Cave
Format: eBook


ENCUENTROS CERCANOS DEL TIPO CARNAL by Delilah Devlin – Excerpt

Etienne se inclinó hacia adelante, ahuecó su cerveza entre las manos y dejó que el silencio le envolviera los tensos nervios. Aquí, en el pantano, en una cabaña de caza repleta de felices recuerdos de la infancia, esperaba poder deshacerse finalmente de la tristeza profunda que sentía en el alma. Amaba a su hermano y a su familia pero no quería invitarlos al oscuro lugar en el que se había visto obligado a recluirse desde Tekrit.

Arnaud había salido media hora antes, frustrado y herido. Etienne lo sabía pero no podía llegar a él, todavía no. Tal vez algunos días más mirando ese mundo verde y húmedo a su alrededor le borrarían los recuerdos de la suciedad secada al sol que le absorbió la sangre a sus amigos como si fuera una ávida esponja.

Necesitaba tiempo para volver a adaptarse a su antigua vida. Gruñó al pensar en eso; como si alguna vez realmente se hubiera adaptado para empezar. Era un pie más alto que sus hermanos y tenía tez morena en comparación con la piel color oliva de ellos y solía preguntarse si no lo habían cambiado en el moisés al nacer. Y nunca había estado satisfecho con lo que la vida le ofrecía el pantano; por eso se enroló en el ejército en primer lugar.

Una ramita se quebró en las cercanías y Etienne se paralizó. Como si nunca hubiera salido de Irak, el tiempo se hizo más lento y, luego de un largo rato, se dio cuenta de que los grillos habían detenido sus estridentes chirridos y de que los búhos ya no se llamaban unos a otros: tenía visitas.

Etienne se levantó lentamente de la silla, ignoró el bastón e ingresó a la cabaña. El arma, que ya estaba cargada para dispararle al culo de cualquier periodista y dejárselo hecho polvo, se encontraba al lado de la puerta, y la buscó.

Las pisadas se acercaban y, luego, subieron los peldaños de madera justo cuando él se daba vuelta con la escopeta acunada en los brazos. Pero la mujer que caminaba con paso firme hacia él no se parecía a ningún periodista que hubiera visto en la vida.

Su sonrisa fue tentativa cuando se detuvo frente a él. Su mirada fue amplia y curiosa cuando le observó el rostro durante un buen rato. Luego, respiró hondo, bajó la mirada, se arrodilló a sus pies y le presionó la frente contra el muslo.

Sintió que se le frunció el ceño y se preguntó qué demonios estaba pasando. Trató de separarla con un empujón pero ella se aferró a su pantorrilla, permaneció en esa posición y dijo palabras guturales y musicales a la vez. Definitivamente no era español, no se parecía a nada que él hubiera escuchado en sus viajes.

Cuando ella se levantó, sus ojos brillaban de humedad, humedad que hizo desaparecer rápidamente al pestañear. Esta vez, su sonrisa fue alegre.

Etienne comenzó a sospechar y miró hacia la oscuridad; se preguntó si le estaban haciendo una broma y no le gustó nada.

La mujer que tenía enfrente tenía una expresión demasiado franca e inocente para ser real. Le paseó la mirada por el cuerpo. Estaba vestida desde el cuello hasta la punta de sus brillantes botas marrones con un material ceñido que parecía suave como cuero de gamuza, tan suave y de color castaño dorado como los grandes ojos que elevó para mirarlo.

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Los Cavernicolas de Ellora: Cuentos del Templo III LOS CAVERNICOLAS DE ELLORA: CUENTOS DEL TEMPLO III
By Sherri L King, Mary Wine, Diana Hunter, Cheyenne McCray, Anya Bast, Delilah Devlin
Ellora’s Cave
Format: eBook


PRESA DEL RAPTOR by Delilah Devlin – Excerpt

Soñé con él. Mi guerrero de la oscuridad.

Con la fuerza de sus invocaciones, me sacó de un sueño muy profundo. Con los dedos de los pies hundiéndose en calor, me encontré en una cresta de arenas movedizas… estaba roja como el planeta Marte y ardiente como la ira de su mirada. Y desnuda. Otra vez.

Los rayos de un sol anaranjado caían sobre mi piel. El viento levantaba mi cabello y hacía que rozara mis pezones. Aún sabiendo que estaba enojado, mi estómago se tensó y mis senos se pusieron tersos por el deseo. Su mirada era penetrante, sus ojos dorados recorrieron mi cuerpo y se clavaron en él como un conejo entre las garras de su raptor. Y sin embargo, deseaba enredar los dedos en su largo cabello oscuro y acercar su boca a la mía. Me había enseñado a anhelar el sabor de sus labios.

“No debería estar soñando”, dije sin aliento, expectante por la nueva maravilla sensual que exploraríamos.

“¿Estás soñando?”. Su voz profunda retumbó, pero sus labios no se movieron. Estaba quieto como una estatua y yo seguía desnuda. Excitada.

“Debo estar soñando. ¿Cómo estoy aquí contigo si no es un sueño?”. Envalentonada por la idea de que en mi sueño era libre de explorar mi fantasía, me acerqué para tocar su rostro. Él ni se movió mientras yo rozaba su piel caliente por el sol y le acariciaba suavemente los pómulos salientes y la nariz notablemente marcada. Mis dedos se detuvieron en su boca y deslicé el pulgar sobre su labio inferior haciendo presión. Él me acarició el dedo con la punta de la lengua y yo suspiré, mientras imaginaba su calor húmedo incitando las puntas endurecidas de mis senos.

Su expresión no cambió y no apartó su mirada de mi rostro como si estuviera evaluando mi reacción. El brillo calculador de sus ojos marrones me detuvo por un momento.

“Si esto es un sueño, ¿por qué no me das lo que pido?” me preguntó. “¿Qué tendría de malo?”.